Y si pregunté alguna vez por qué,
fue por mi, mi vida, mi corazón y mi conciencia.
y si alguna vez dije basta fue por mi, por mi cuerpo, mi sangre y mi voz.
Mil gritos se oyeron en la distancia
aquella noche en que estabas sin estar
en que me hiciste sentir que no era otra, que no era nada.
El humo salia de mis pulmones intentando entender
si el ser maduro significaba irme o quedarme
cuando me moría por correr.
Pero la noche frenó mis pasos y los hizo retroceder
para acabar en tu cama, quieta, sin sentido, ni luz ni lagrimas.
Esperando que el sol rescatase mi cuerpo y lo llevase a casa
ya que mi mente ya estaba en ella.