Vicenta,
Te escribo esta carta, con lagrimas en los ojos y las manos temblando. Por el cariño que te tengo y que te tendré siempre. Me habría gustado tanto, haber hablado contigo, haberte saludado, quizá di por hecho que la vida nos daría más tiempo. Sé que te di todo lo que pude darte, y que tu me diste más de lo que habría imaginado. Por eso, siempre te recordaré con una gran sonrisa. Creyendo en la mujer luchadora y fuerte que siempre fuiste, recordando tus sonrisas, tus palabras, tu cariño. Una vez leí una lápida que ponía “La gente nunca muere si la recordamos, siempre queda en nuestro corazón y en nuestros recuerdos” Y no sé si podré jurar algo con tanta fuerza y con tanto convencimiento como juro esto, pero juro que nunca morirás para mi. Porque me abriste los ojos a un mundo y a una vida que auqnue nadie quiere ver existe. A la fuerza de una madre, de una mujer, a los errores, a como duelen. Me diste la oportunidad de quererte, de conocerte y sé que pedí por ti a todo cuanto encontré a mi paso.
Tenía que ser, lo sabíamos y de todo corazón espero que no hayas sufrido, nada, ni un minuto, más que en el que pensaste en tus hijos. Duro sin duda. Ojalá pudiese estar ahí, para darles ánimo…Pero voy a volver en Enero, prometo visitarte, visitarlos a ellos.
Saldrán adelante, la lucha se lleva en la sangre. Siento, no haber hecho más, siento no haber podido estar ahí…Pero sabías y sabes estés donde estés, que nuestro cariño, durará siempre.
Te quiero.
GRACIAS.